Sharenting: La obsesión de compartir todo sobre nuestros hijos en las redes sociales

Expertos en cultura digital e informática alertan sobre el riesgo de exponer la vida de los chicos en Internet.

La llegada al mundo, el primer día de clases, el cumpleaños número 10, el acto de fin de año, las vacaciones, un domingo cualquiera. Prácticamente todo puede ser motivo para un posteo. Incluso, y aún desde las buenas intenciones, los sufrimientos más profundos e íntimos.

Se lo conoce como sharenting y surge de la conjunción de “share” (compartir) y “parenting” (criar). Como su nombre lo indica, el comportamiento -que hace alusión al hábito de los padres (sumergidos, como todos, en el mundo de las redes) de compartir momentos o experiencias en las vidas de sus hijos- se convirtió en el foco de análisis para expertos en las costumbres que trajo consigo la cultura digital. ¿Por qué? En principio, porque el acto de compartir no siempre se lleva adelante considerando la voluntad de los chicos (que, en muchos casos, ni siquiera son conscientes de esa exposición).

Los riesgos que plantea esta moda fueron bien resumidos por James P. Steyer, titular de Common Sense Media, una organización sin fines de lucro que se dedica a mejorar y educar sobre las elecciones que familias y niños hacen en el mundo de los nuevos medios y las redes sociales. En una columna publicada por The New York Times, ya en el año 2014, señalaba: “Compartir el contenido de nuestros niños tiene que llevarse adelante con el entendimiento de las consecuencias no intencionadas para los padres y sus hijos”.

“A la hora de proteger la intimidad, Steyer sugiere: “Se puede considerar usar la configuración de la red social para crear pequeños grupos cerrados que incluyan a un número limitado de personas con quienes compartir los momentos más privados. De todos modos, aún en esos casos, hay que tener cuidado con el contenido. Hay una diferencia entre compartir un momento de orgullo -el primer recital de piano o un gol ganador-, y postear algo sensible o potencialmente vergonzante”.

En este sentido, cabe recordar el caso de una denuncia de bullying que se hizo pública y viral en las redes, pero que luego tuvo un efecto no intencionado por la naturaleza incontrolable del universo digital. Keaton Jones, de 11 años, lloraba ante su mamá por ser fuertemente agredido por sus compañeros de escuela. En la lógica impotencia y desesperación que esto le generó, su mamá subió el video a las redes sociales. La primera consecuencia fue un aluvión de mensajes de apoyo para Keaton, incluso de importantes celebridades bajo el hashtag #StandWithKeaton.

Sin embargo, más tarde, la historia tomó un giro inesperado e indeseable. Con la creciente popularidad del niño y su mamá, vino el escarnio público. Y alguien encontró que su madre había realizado en sus redes sociales manifestaciones racistas. Lo que antes eran puros mensajes de apoyo, se convirtieron en cuestionamientos y furia a la mamá y, por cercanía, al propio Keaton.

¿Quiere decir esto que nunca está bien postear algo sobre nuestros hijos en las redes? No necesariamente. No se trata, según los estudiosos del tema, de un ejercicio de demonización de la vida en las redes. El foco debe estar puesto en la pedagogía acerca de estos universos de contenido y en la consideración de las consecuencias que puede provocar desconocer las reglas de ese ecosistema.

Marcelo De Vicenzi, profesor y decano de la Facultad de Tecnología Informática de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), sostiene: “Creo que necesitamos entender qué es lo que estamos haciendo antes de hacerlo y no ajustarnos a las consecuencias después por no saberlo. Quizás pusiste en evidencia a tus hijos con cosas que no estaba bien vistas en su grupo de amigos o incluso para él. Nosotros como padres tenemos que entender que puede afectarlos a ellos en su vida social”.

“En el mismo sentido, Tomás Balmaceda, periodista y experto en cultura digital, coincide: “Hace falta un montón de pedagogía de lo que es una red social. Todo el mundo piensa que las redes sociales son derechos prácticamente. Y las redes sociales son compañías. Que seguro deben estar regidas por la ley, constreñidas por políticas. Porque cuando uno publica contenido, deja de ser propioen el sentido en que nosotros pensamos”.

¿Qué se puede hacer para no caer del lado del exceso en materia de sharenting? Para dar respuesta a esto, De Vicenzi sugiere: “Lo que está en Internet es una ventana al universo, pero esas mismas tecnologías muchas veces nos convierten en presos. Porque lo que está en Internet, se queda en Internet. Por eso es tan importante que mi hijo pueda darme sus opiniones, eso me va a permitir entender qué es lo que estoy haciendo y cuáles son las consecuencias que puede tener para él”.

Con respecto a la vida de los chicos en las redes, añade: “Por otro lado, es importante saber qué es lo que están haciendo en Internet. Es un mundo paralelo, virtual, que trae consecuencias para el mundo real. Hay que pensar que le dimos profundidad a nuestro universo. Si antes vivíamos en X e Y, ahora vivimos en la dimensión Z también”.